La salud mental en educación.

Según el Instituto Nacional de Estadística 
en  España, los problemas de salud mental, incluidos los trastornos de ansiedad, afectan a un número significativo de estudiantes desde la primaria hasta la secundaria. Se estima que alrededor del 14% de los adolescentes entre 11 y 18 años presentan síntomas de ansiedad moderada a grave, lo que significa que en una clase de 25 alumnos, aproximadamente 4 podrían estar experimentando esta situación. Además, las niñas tienden a reportar niveles más altos de ansiedad, con un 20,8% frente al 5,8% de los niños. Estos problemas han aumentado considerablemente tras la pandemia, debido a factores como la falta de interacción social y las dificultades emocionales asociadas al confinamiento. En algunos casos, los trastornos mentales comienzan antes de los 14 años, subrayando la importancia de la detección temprana en los centros educativos.

En 2023, se registró un increíble aumento de suicidios en menores en España. El número de suicidios entre adolescentes alcanzó las 75 muertes, lo que representa un aumento significativo respecto a los 53 casos de 2021. Este incremento sitúa el suicidio como una de las principales causas de muerte en jóvenes, superando incluso a los fallecimientos por accidentes de tráfico y cáncer en este grupo etario. Además, el riesgo de suicidio se incrementa con la edad,  se observan tendencias preocupantes en niñas a partir de los 13 años. Factores como el bullying, el ciberacoso y problemas de salud mental contribuyen significativamente.


El tiempo de espera para acceder a citas de salud mental en el sistema público de España varía según la comunidad autónoma y la carga del sistema. En general, las primeras citas con un psicólogo o psiquiatra  tienen tiempos de espera entre 30 y 90 días en muchas regiones, pero pueden extenderse hasta 6 meses en los casos más saturados, como en Madrid o Cataluña.

Después de la primera consulta, las citas de seguimiento pueden espaciarse de 3 a 6 meses, dependiendo de la gravedad del caso y la disponibilidad de profesionales. Estos retrasos se han visto agravados por el aumento de la demanda tras la pandemia, y la falta de profesionales especializados es una de las principales causas de esta situación.


Después de aportar todos estos datos voy a hablar desde mi experiencia personal. Cuando yo iba al colegio sufrí bullying y los profesores no hicieron nada. A mí madre se lo conté en sexto de primaria y llevaba sufriendo  desde primero. Siguieron sin hacer nada y me cambié al instituto. En el instituto me paso lo mismo pero al menos tenía amigas que me defendían. Esto paso hasta tercero de la eso. En el instituto los profesores tampoco me hicieron mucho caso aunque venía la policía a dar charlas que no servían para absolutamente nada.  En esa época sufrí depresión, llegué a autolesionarme y las citas en salud mental me las daban una vez al mes y ni eso. Pensé muchísimas veces en quitarme la vida y lo llegué a intentar en alguna ocasión. El único motivo que me llevo a no hacerlo fueron mis amigas pero si yo hubiera estado sola como es el caso de la mayoría de niños y niñas que sufren en silencio el acoso o un tca o cualquiera otro trastorno mental no sé si hoy en día estaría aquí. En resumen quien no tiene dinero, no tiene derecho a un tratamiento digno y desde las escuelas no se hace nada por las personas que sufren depresión y ansiedad ni tampoco por las que sufren acoso. Aunque he de decir que ahora se le está dando una mayor visibilidad al freno del bullying pero no creo que esté siendo suficiente. 

Los trastornos mentales son un gran problema en la educación sobre todo en los barrios con una situación socioeconómica baja porque la mayoría tienen familias desestructuradas y por otro lado el bullying que se produce en todos los colegios y desembocan en traumas que llevan a trastornos mentales. Además el aumento del uso de las redes sociales da pie a mayor poder para desarrollar esos trastornos, viendo todo lo que se comenta en redes, contenidos tóxicos, el acoso que existe, el cero control que ponen los padres sobre lo que sus hijos ven y hacen en internet son agravantes de esta situación. 

Como conclusión la salud mental debería ser un derecho y no un privilegio. 




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